El arrepentimiento es esencial para nacer de nuevo y empezar una nueva vida. Sin arrepentimiento no hay perdón de pecados, y no hay salvación. ¡Cuán importante es entonces entender qué es el arrepentimiento y el porqué es necesario!
El arrepentimiento es una doctrina básica del evangelio de Cristo, no debemos permitirle a la ignorancia o indiferencia que limite nuestra experiencia de vida con Dios. Jesús dijo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8.32).
Para ser libres debemos conocer la verdad y parte de esa verdad es la verdad del arrepentimiento, y deseo compartir y enfatizar que el arrepentimiento es la puerta hacia la libertad.
EL FALSO ARREPENTIMIENTO
El arrepentimiento no es sentir temor. Mucha gente confunde el arrepentimiento con el temor, pues muchas de ellas viven con la conciencia atormentada por el pecado, pero sin cambiar nada en absoluto. Al estar en peligro de perder la vida quedan atrapados por el temor, y en esa condición claman a Dios pidiendo misericordia, pero no hay deseo sincero de cambiar.
El arrepentimiento no es “sentir algo”. Mucha gente quiere convertirse, pero esperan sentir algo especial en sus emociones que les conmueva. La experiencia me ha enseñado que muchos presos se sienten desgraciados y amargados por haber perdido la libertad. Estando en la cárcel lloran y se lamentan, pero son sólo emociones, pues cuando recobran su libertad, casi todos vuelven a la antigua manera de vivir.
El arrepentimiento no es repetir una "oración de entrega". Las personas que son invitados a pasar al frente de alguna iglesia, repiten: "Señor, perdóname todos mis pecados", porque algún predicador les pidió hacerlo de esa manera. Entonces, este "arrepentimiento" no fue resultado de estar convencidos por la palabra de Dios, sino sólo fue movido por alguna presión psicológica o emocional.
El arrepentimiento no es clamar a alta voz y llorar. Algunos confunden y piensan que si alguien llora en una reunión religiosa es una señal de arrepentimiento. ¡Están equivocados! Pues, algunas personas lloran sólo como consecuencia de un “efecto emocional”, quizás porque han visto que otros lloran, y creen de esa manera están mostrando su arrepentimiento, pero son emociones que no conducen a un verdadero cambio.
EL VERDADERO ARREPENTIMIENTO
El verdadero arrepentimiento tendrá como resultado un cambio total de conducta (Lucas 3.8-14; Hechos 3.19). Hechos 26.20 declara: “sino que anuncié..., que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.” La definición clara y bíblica del arrepentimiento, es cambiar, el mismo que resulta en un cambio de idea, cambio de corazón, cambio de acciones y actitudes, en esencia cambio de vida. Jesús nos definió el verdadero arrepentimiento por medio de varios ejemplos:
El arrepentimiento de los ninivitas. Jesús explicó que la gente de Nínive se arrepintió de corazón: “Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar” (Mateo 12.41).
“Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos? Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo” (Jonás 3.5-10).
La gente de Nínive se humilló y clamó fuertemente a Dios, convirtiéndose cada uno de su mal camino. Ellos dejaron total y verdaderamente su antigua manera de vivir de injusticia, corrupción, inmoralidad y muchas abominaciones que habían practicado por años.
El arrepentimiento del hijo pródigo. Otro buen ejemplo de arrepentimiento es la enseñanza de Jesús acerca del hijo pródigo: “Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre... el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo (Lucas 15.17-21).
Jesús declaró que la humildad del pródigo, su compunción, reconocimiento del pecado y regreso a su padre, hicieron que el volviera de nuevo a la vida de su estado espiritual de muerte y perdición: “Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse” (Lucas 15.24). Claro que no estaba muerto físicamente, pero sí espiritualmente.
Pedro enseñó que el arrepentimiento es el remedio para la muerte espiritual: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3.9).
El arrepentimiento alcanza “perdón y misericordia de Dios”. Para obtener perdón y misericordia de Dios, Isaías aconseja: “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isaías 55.7).
Observe que dice que Dios “será amplio en perdonar” pero según el contexto, eso está condicionado a que el impío deje sus caminos y pensamientos malvados, y se vuelva al Señor. Sólo un verdadero cambio de vida le llevará hacia la libertad, y preciso que toda persona debe apartarse totalmente del mal camino. Ezequiel profetizó de esta manera: “Así dice Jehová el Señor: Convertíos y volveos de vuestros ídolos, y apartad vuestro rostro de todas vuestras abominaciones” (Ezequiel 14.6). Luego dijo: “el alma que pecare, ésa morirá” (Ezequiel 18.20).
El arrepentimiento produce “frutos”. En el momento del arrepentimiento y de la salvación inicial, pasamos de muerte a vida (1 Juan 3.14), de las tinieblas a la luz (Hechos 26.18; Efesios 5.8; 1 Pedro 2.9), y del poder de Satanás a Dios (Hechos 26.18). Pero esto no acaba aquí, pues Juan el Bautista dio su entendimiento inspirado por el Espíritu Santo en cuanto a lo que Dios requiere del arrepentimiento, en Lucas 3.8-14: Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento. Y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego. Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿Qué haremos? Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? El les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.
¿Estaba Juan enseñando una salvación por medio de “obras”? De ninguna manera. El verdadero arrepentimiento siempre produce frutos. La Biblia enseña que no hay lugar para el arrepentimiento después de la muerte. “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9.27).
SU DECISIÓN DE CAMBIAR
Le instamos a que se arrepienta de sus pecados, busque ayuda espiritual. El arrepentimiento es uno de los pasos de la salvación. La Biblia dice: “el que creyere y fuere bautizado (sumergido), será salvo” (Marcos 16.16). Luego dice: “arrepentíos, y bautícese cada uno… para perdón de pecados…” (Hechos 2.38). Si cree, se arrepiente y se bautiza, Cristo le añadirá a su iglesia, y usted formará parte de la gran familia de Dios. Y perseverando en santidad, estará preparado para el día cuando el Señor venga a llevar a su pueblo a la gloria celestial. Pues, ¡arrepiéntase! ¡Sálvese ahora! ¡Hay libertad verdadera en Cristo!
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Lic. Tomás A. Parillo